Farmacoeconomía para equipos de medical affairs: guía práctica sin jerga de economista
Si alguna vez asentiste en una reunión donde alguien dijo «el ICER quedó por debajo del umbral» sin estar del todo seguro de qué significaba, esta guía es para ti.
La farmacoeconomía tiene fama de territorio impenetrable: ecuaciones, umbrales, siglas que se encadenan. Pero para un equipo de medical affairs, no se trata de construir los modelos, sino de entenderlos lo suficiente para usarlos en una conversación de valor con un pagador. La buena noticia es que las ideas centrales son pocas y bastante intuitivas una vez que se traducen del idioma de economista al idioma de la práctica. Esta guía cubre lo esencial, sin relleno.
1. La pregunta que toda la farmacoeconomía intenta responder
Un pagador (un sistema de salud, una aseguradora, una agencia de evaluación) tiene presupuesto limitado y muchas tecnologías compitiendo por él. La pregunta de fondo siempre es la misma: ¿vale lo que cuesta este tratamiento, comparado con la alternativa? La farmacoeconomía es el conjunto de métodos para responder esa pregunta con datos, no con opiniones.
Toda evaluación farmacoeconómica compara dos cosas a la vez: el costo de una intervención y su resultado en salud, frente a un comparador. No se evalúa un medicamento en el vacío, siempre contra algo (el tratamiento estándar actual, otra terapia, o no hacer nada).
2. El QALY: cómo se mide «salud» en una sola cifra
El primer obstáculo es: ¿cómo comparas un medicamento que alarga la vida con uno que mejora su calidad? La respuesta es el QALY (Quality-Adjusted Life Year, o año de vida ajustado por calidad).
El QALY combina en un solo número dos dimensiones: cuánto vive una persona y con qué calidad. La convención es simple: un QALY equivale a un año de vida en salud perfecta. Los estados de salud se puntúan en una escala donde 1 es salud plena y 0 es la muerte. Así, un año vivido con la mitad de calidad de vida cuenta como 0.5 QALY.
La utilidad práctica es que el QALY permite comparar beneficios entre enfermedades completamente distintas usando una unidad común. Un tratamiento oncológico y uno para esclerosis múltiple se pueden poner en la misma balanza. NICE, la agencia británica, lo explica con un punto de referencia claro: un tratamiento que aporta un año adicional de salud perfecta (o una combinación equivalente de extensión de vida y mejora de calidad de vida) es el patrón sobre el que se evalúa.
Para medical affairs, esto importa porque la conversación de valor con muchos pagadores se construye, explícita o implícitamente, sobre cuántos QALY aporta el producto frente al comparador.
3. El ICER: la cifra que decide
Aquí llega la sigla que más se escucha y menos se explica: el ICER (Incremental Cost-Effectiveness Ratio, o razón de costo-efectividad incremental).
El ICER responde la pregunta del punto 1 con un número concreto: cuánto cuesta cada unidad adicional de salud que aporta el tratamiento nuevo frente al comparador. La fórmula es una división sencilla:
ICER = (Costo del tratamiento nuevo − Costo del comparador) / (QALY del tratamiento nuevo − QALY del comparador)
En palabras: la diferencia de costos dividida por la diferencia de beneficios en salud. El resultado se expresa como «X dólares por QALY ganado».
Un ejemplo numérico para fijarlo: si la diferencia de costo entre dos intervenciones es de 140.000 dólares y la diferencia de beneficio es de 3.5 QALY, el ICER es de 40.000 dólares por QALY. Eso significa que cada año de vida en salud perfecta adicional que aporta el tratamiento nuevo cuesta 40.000 dólares más que con el comparador.
4. El umbral: cuándo el número es «bueno»
Un ICER por sí solo no dice si el tratamiento vale la pena. Necesita compararse contra un umbral de disposición a pagar (willingness-to-pay threshold): la cifra máxima por QALY que un sistema está dispuesto a financiar.
Si el ICER queda por debajo del umbral, el tratamiento se considera costo-efectivo. Si queda por encima, no. En Estados Unidos, los umbrales que se citan con frecuencia en la literatura rondan los 50.000 y los 100.000 dólares por QALY. En el ejemplo anterior, un ICER de 40.000 dólares por QALY caería por debajo de ambos umbrales, y se consideraría costo-efectivo.
Un matiz importante que medical affairs debe conocer: hay situaciones donde ni siquiera hace falta calcular el ICER. Si un tratamiento es a la vez más efectivo y menos costoso que el comparador, se dice que lo «domina», y la decisión es directa. El ICER solo es necesario cuando el tratamiento nuevo es más efectivo pero también más caro, que es el escenario más común con innovación.
5. Por qué medical affairs necesita dominar esto
Tradicionalmente, la farmacoeconomía vivía en HEOR y market access. Pero la frontera se ha difuminado. Cuando un equipo médico conversa con un pagador, un líder de opinión o un comité de evaluación, la pregunta del valor económico aparece, y responderla con solvencia exige manejar estos conceptos.
Tres razones concretas:
Para sostener la narrativa de valor. La historia clínica del producto y su historia económica tienen que ser coherentes. Medical affairs aporta la evidencia clínica; entender cómo esa evidencia se traduce en QALY e ICER permite que la narrativa no se rompa cuando el pagador la examina.
Para anticipar objeciones. Un pagador que dice «el costo por QALY está demasiado alto» está haciendo una afirmación específica. Saber qué la compone (el numerador de costos, el denominador de beneficio, el umbral aplicado) permite responder con argumentos, no con generalidades.
Para colaborar con HEOR, no solo recibir su output. Cuando medical affairs entiende el lenguaje, la conversación entre las dos funciones deja de ser una entrega de documentos y se vuelve una construcción conjunta de la estrategia de evidencia.
6. Lo mínimo que conviene recordar
Si esta guía se redujera a una tarjeta de bolsillo, diría:
El QALY mide salud combinando cantidad y calidad de vida, donde 1 es un año en salud perfecta. El ICER mide cuánto cuesta cada QALY adicional frente al comparador, dividiendo la diferencia de costos por la diferencia de beneficios. El umbral es la cifra máxima por QALY que el sistema acepta pagar; por debajo de él, el tratamiento es costo-efectivo. Y nada de esto se evalúa en abstracto: siempre es contra un comparador.
Con eso, la próxima vez que alguien diga «el ICER quedó por debajo del umbral», no solo asentirás, sino que sabrás exactamente qué se está afirmando y qué preguntar a continuación.
En Quantus construimos sobre esta premisa: hacer que el conocimiento de farmacoeconomía y market access sea utilizable por los equipos que conversan con pagadores, para que la evidencia se traduzca en acceso real de los productos del cliente. El objetivo no es que todos se vuelvan economistas, sino que la conversación de valor sea sólida en ambos idiomas, el clínico y el económico.
Si quieres más información sobre QUANTUS, escríbenos aquí: https://www.getquantus.ai/
Referencias
- ICER (Institute for Clinical and Economic Review). Cost-Effectiveness, the QALY, and the evLYG. Disponible en: https://icer.org/our-approach/methods-process/cost-effectiveness-the-qaly-and-the-evlyg/
- Health Economics Resource Center (HERC), U.S. Department of Veterans Affairs. Cost-Effectiveness Analysis. Disponible en: https://www.herc.research.va.gov/include/page.asp?id=cost-effectiveness-analysis
- Cost–utility analysis (definición de ICER y ejemplo de cálculo). Disponible en: https://en.wikipedia.org/wiki/Cost-utility_analysis
- IntuitionLabs. QALYs & ICERs Explained: Core Health Economics Metrics. 2026. Disponible en: https://intuitionlabs.ai/pdfs/qalys-icers-explained-core-health-economics-metrics.pdf
- ScienceDirect Topics. Pharmacoeconomics: an overview. Disponible en: https://www.sciencedirect.com/topics/nursing-and-health-professions/pharmacoeconomics